Las fuerzas sociales que
sacudieron y transformaron Bolivia en el último lustro no se han aplacado. Evo
Morales llegó al poder montado sobre la ola, y ahora corre el riesgo de ser el
arrecife contra el que ésta se estrelle. Estas fuerzas eran el deseo de
redistribución de la riqueza petrolera y mineral que se han revalorado por el
boom de las materias primas, y la determinación de echar a la élite neoliberal
del poder y sustituirla por “tribunos populares”. Lo segundo ha ocurrido amplia
y, en muchos casos, rudamente, pero esto no ha detenido lo primero.
